Curiosidades

Historias menarik y datos curiosos del mundo de los maratones y el running.

Crónicas

Vero

Héctor López Neri
Vero

Siempre corro con ella. Por cada medalla que he recibido tras cruzar una meta, ya sea en una prueba de 10k, un medio maratón o un maratón, ella tiene la suya.

Me lleva ventaja. Mientras yo jugaba beisbol y competía en pruebas de velocidad hace varios años, ella entrenaba para pruebas de fondo y medio fondo. Tiene un paso más rápido al mío, no obstante, siempre podemos emparejarnos en algún punto del camino.

Así sucedió todo el año pasado. La decisión de correr un maratón fue compartida y ella optó por seguir mis entrenamientos personalizados, casi todos los hizo a mi ritmo y los resultados se vieron rápido: a cuatro meses de haber empezar con la rutina tuve que acelerar al máximo para poder recuperar los más de 700 metros que me sacó durante los últimos kilómetros de un 10k.

Si bien la competencia con ella está descartada, no me interesa seguir corriendo mientras ella ya cruzó la meta y tiene su presea en el cuello. Sin embargo, debo reconocer que en algunas carreras o varias, ella gozó de mayor fuerza y velocidad que yo. Otras veces, gracias a que su estómago la traicionó y debió hacer algunas paradas, la ventaja no fue tan grande. El maratón de Las Vegas fue un ejemplo.

Una de las ventajas de haber llevado un entrenamiento sistematizado fue que llegó un momento en el que mi cuerpo alcanzó el objetivo trazado cuando inicié en este deporte: correr una distancia arriba de 20 kilómetros con la posibilidad de sacar mi cámara fotográfica y captar algunas imágenes, darme el lujo de apretar el paso en los últimos kilómetros y ser capaz de compartir una buena comida o cena ese mismo día con ella.

Tal fue el caso del tercer medio maratón que corrimos en el 2012. Luego de recorrer casi 17 kilómetros juntos, pude acelerar hasta la meta para conseguir mi mejor marca. Ella llegó dos minutos después, también para marcar su mejor tiempo en la distancia.

Lo que más me gusta de ella es que no deja de sonreír cuando corre. Con el paso de las carreras aprendió a ubicar a los fotógrafos y a posar con su mejor sonrisa cada vez que pasa frente a ellos. Hay varias pruebas de ello, la más clara fue en un 26k en la Ciudad de México, donde mientras yo batallaba para alcanzarla, ella no dejaba de sonreír a la cámara. Al final de esa prueba y con un sprint final, llegué a la meta a su lado.

Incluir entrenamientos con metas específicas −como correr un maratón− en la rutina de cualquier persona es un reto y si además, ella se incluye en esa dinámica sin descuidar el trabajo, además de sus tareas en casa, cada kilómetro que cruza a trote se convierte en una huella de dedicación, perseverancia y en un gran ejemplo para sus hijos.

El correr seis días a la semana es una forma de vida que disfruto cada día más, pero el poder cumplir con esas sesiones de entrenamiento con Vero, es sencillamente un privilegio.

Corredores Maratón Curiosidades
Curiosidades Jun 2014 Héctor López Neri

¿Qué tanto puede un corredor mejorar su tiempo en el maratón?

Corredor mostrando su reloj gps durante una carrera

Quien diga que mejorar su propio tiempo en el maratón carece de importancia, es porque nunca ha competido.

Terminar la carrera, entrenar por el hecho de llevar una disciplina, mantenerse sano, o bien, finalizar los 42 kilómetros para que en la tarde de ese día se pueda disfrutar de una buena cena, son metas legítimas para cualquier persona, pero cruzar la meta y ver que el reloj indica un menor tiempo al de nuestro maratón anterior, es la mejor satisfacción.

En mi caso, decidí correr un maratón porque estaba harto de pesar 100 kilos luego de vivir una adolescencia a la que dediqué más de 20 años al beisbol... Leer artículo completo

Consejos Dic 2012 Héctor López Neri

La medalla que nunca debió salir del anaquel

Las medallas del maratón de Nueva York 2012 se entregaron a los corredores inscritos

Es una de las medallas más bonitas que he recibido, sin duda.

Su tamaño cubre la palma de mi mano, de fondo, los rascacielos de la ciudad de Nueva York; el Empire State del lado derecho, símbolo inequívoco de que se trata de esa ciudad. En primer plano, un corredor atraviesa la ciudad y bajo él, destaca el número 2012.

En toda su circunferencia se lee: "The ING New York City Marathon. New York Runners". La cara posterior de la presea tiene plasmado el logotipo del New York Road Runners, los organizadores de la carrera; los casilleros "Finisher" y "Time" ocupan la parte central; la leyenda "Run for life" y la fecha 11.04.12 completan la información de esta recompensa para quienes se inscribieron en el Maratón de Nueva York 2012.

Una medalla perfecta que se fabricó con el fin de ser entregada a los participantes de uno de los maratones más famosos del mundo en su edición del 2012. Sin embargo, el huracán Sandy golpeó fuerte a la ciudad y el desfile deportivo se canceló por primera vez desde que fue creado en 1970.

Así como es el trofeo mejor logrado que he visto como corredor, también creo que es la recompensa que jamás debió haber salido de las oficinas de los organizadores. Si bien la medalla sería el galardón a un año de trabajo, de disciplina en las pistas y en la mesa (el nutriólogo lo sabe), de limitaciones en la vida social y más, el metal que cuelga de un listón naranja es un premio a un logro que jamás se consiguió: cruzar la meta del trayecto de poco más de 42 kilómetros.

Para quienes gustan de deportes como el béisbol, la entrega de esta medalla es el equivalente a esas gorras y playeras que se hacen en un partido final de Serie Mundial, en el que cualquier equipo puede coronarse y se fabrican souvenirs que muestran a ambas novenas como campeonas; no obstante, sólo una versión de esos recuerdos saldrá a la venta de manera inmediata, mientras que la otra, la del equipo perdedor, se irá a la basura.

El foro del maratón de Nueva York en Facebook recibió un sinnúmero de comentarios al respecto, en los cuales algunos corredores aseguraban que el 4 de noviembre del 2012 corrieron lo equivalente a un maratón en Central Park, por lo que pedían a los organizadores que les enviaran sus medallas. Al respecto, y como ha sido a lo largo de los meses previos al maratón, los organizadores han evitado pronunciarse de manera precisa.

Otras competencias en Estados Unidos, como el maratón de San Francisco por ejemplo, aclaran en sus convocatorias que el galardón sólo se entregó a aquellos corredores que crucen la meta. No basta con inscribirse para ser merecedores de una presea de maratonista. Como dicen los americanos: it is what it is.

Para mí, la medalla del Maratón de Nueva York tiene un gran valor porque llegué al día de la cita listo para el reto; con la preparación necesaria para cubrir la ruta con una sonrisa en el rostro y una cámara fotográfica en la mano; alcancé condiciones para poder finalizar la carrera y disfrutar del resto del día sin mayores dolores o algún síntoma de cansancio extremo. Eso significa, pero no necesito tener esta distinción en la mano para que valga.

Como deportista, considero que esta insignia nunca debió haber salido de los anaqueles de los organizadores. Al igual que el maratón, la entrega de las medallas debió cancelarse y guardarse para otra ocasión. Así de sencillo.