Por Héctor López Neri
Todos teníamos el mismo objetivo hace 22 años y los caminos nos reunieron en la preparatoria Amphitheater de Tucson, Arizona.
Los seis éramos atletas: jugábamos beisbol en distintas ligas de Hermosillo y decidimos emigrar a Estados Unidos para buscar el sueño de algún día jugar en las Grandes Ligass.
Para iniciar el camino debíamos seguir las reglas de la escuela estadounidense de estudiar y sacar calificaciones superiores al siete para poder ser considerados parte del equipo representativo de las Panteras.
Cada uno de nosotros enfrentó diferentes situaciones que nos fortalecieron, como cuando Rolando fue deportado por no tener sus papeles en regla y debió encontrar la forma de regresar a la escuela.
Otras situaciones fueron más relajadas, como cuando después de una de las primeras prácticas llegué con mis compañeros a preguntarles quién demonios era el "Fellas", aquel jugador que siempre destacaba y que en cada práctica el entrenador le decía: "good job Fellas" (buen trabajo muchachos). Desde entonces soy el Fellas y el protagonista de una de las historias que contamos cada vez que nos vemos.
Con el pretexto del beisbol, los seis sonorenses empezamos en el estado de Arizona una etapa que definió gran parte de lo que hoy somos y que cada quien, a su manera, juega en las Grandes Ligass.
Hace dos meses Pablo decidió concentrar en un grupo de Whatsapp (que bautizó como "Los Mueltos") a los seis peloteros que en los 90 coincidimos en la Amphi. Se trataba en ese momento de un reencuentro virtual para estar en contacto, saber dónde estaba cada uno de nosotros y qué hacíamos.
En los primeros mensajes nos pusimos al día y compartimos fotos de los días de jugadores y de nuestras familias.
Yo sabía a grandes rasgos dónde estaba cada uno de nosotros; había coincidido dos o tres veces con Rolando, quien me puso al tanto de la vida de sus dos compadres: Efraín y Maytorena, quienes viven en Sonora.
A Pablo lo había visto hace casi 10 años cerca de Los Ángeles, California, donde trabaja como veterinario y tiene dos niños.
Rolando labora en una empresa de comunicación en Los Ángeles, California, está casado y tiene cuatro hijos.
Efraín vive en Guaymas, Sonora, con su esposa y sus tres hijos y trabaja en una empresa privada.
Maytorena ha vivido en diferentes estados de México y desde hace algunos años regresó a Hermosillo, donde vive con su esposa y sus dos niños.
El sexto jugador se llama Erubiel, jugó beisbol en Grandes Ligass para varios equipos y en 2001 ganó la Serie Mundial con los Diamondbacks de Arizona contra los Yankees.
Estuvo algunos días en el grupo de Whatsapp antes de ser dado de baja por inactividad.
Después de varios cientos de mensajes, Pablo propuso reunirnos con nuestras familias para convivir dos o tres días.
La idea pronto fue secundada y en menos de dos semanas estaba lista la sede de la I Cumbre de "Mueltos" ex Panteras: San Carlos, Sonora.
Sería un fin de semana de convivencia en el que alguien más puso en la mesa la posibilidad de jugar un partido de beisbol contra un equipo local y revivir los mejores años en los que teníamos una condición física envidiable.
Cada uno de nosotros jugaba una posición diferente.
Efraín
Era pitcher y uno de los mejores prospectos del país en su posición. En Amphitheater lanzó un juego perfecto. Su carrera terminó cuando se dislocó el hombro al barrerse de cabeza en una base.
Maytorena
También pitcher, con recta fuerte y tenedor que sacaba de problemas frente a los bateadores rivales. Ganó incluso un festival de jonrones en Las Vegas.
Rolando
Primer bat del equipo gracias a su velocidad. Jugaba el jardín central y fue seleccionado nacional mexicano.
Pablo
No tenía el mayor talento para el beisbol, pero nunca se rindió y encontró su lugar en el staff del equipo.
Erubiel
Era el cuarto bat del equipo. Su camino hacia el beisbol profesional fue a través de la Liga Mexicana y no por el Draft estudiantil.
Yo
Terminé los estudios en Tucson y fui seleccionado para dos equipos de estrellas.
Me ofrecieron una beca parcial para jugar en Pima Community College, pero el porcentaje de ayuda fue insuficiente para permanecer en Estados Unidos y regresé a México en 1993.
Los casi 20 kilómetros entre Guaymas y San Carlos convirtieron automáticamente a Efraín y su familia en los anfitriones.
El plan era jugar un partido de siete entradas.
Intentamos regresar a la actividad algunas semanas antes y encontrar un rival que ofreciera competencia sin exhibir demasiado nuestra falta de juego.
El equipo rival resultó ser una novena de jugadores entre 20 y 25 años.
Mis objetivos eran claros:
Pero el plan cambió.
No estábamos tan "Mueltos"
El partido inició con nosotros a la defensiva.
En poco tiempo perdíamos 3-0 por errores propios.
Pero poco a poco tomamos confianza.
Pablo conectó un machucón perfecto por la raya de tercera y logró un imparable que celebramos como si fuera un cuadrangular.
Maytorena lanzó dos entradas sin aceptar carrera limpia y conectó dos hits.
Rolando y yo jugamos todo el partido.
Llegamos a la séptima entrada perdiendo por una carrera.
Recibí base por bolas y después Rollie conectó una línea entre el izquierdo y el central.
Anoté la carrera del empate.
Rollie siguió corriendo y llegó hasta home con la carrera de la ventaja.
Finalmente ganamos 7-5.
Diecinueve años después nos volvimos a reunir los ex Panteras.
La última vez había sido en la boda de Rolando.
Los mejores recuerdos del reencuentro tienen que ver con aquellos tiempos de beisbol y la forma en que superamos vivir en un país distinto al nuestro.
Después de algunas cervezas también aparecieron los "hubiera".
Pero algo quedó claro:
Cada uno de nosotros es lo que es gracias a aquel viaje a Tucson.
Y el mayor error que cometimos fue haber dejado pasar 19 años para volver a reunirnos.
"Me gusta correr y viajar; si puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo seguro será una gran experiencia."
A los 17 años emigré a Estados Unidos para estudiar y jugar beisbol. Hice ambas cosas y después de graduarme decidí regresar a México para seguir mis estudios de Licenciatura en Comunicación.
Seguí en el beisbol a un nivel menor (pasé de entrenar todos los días a un par de veces a la semana). Ingresé a la Universidad y ahí el deporte estaba lejos de ser prioridad. El tiempo me alcanzaba para mantener buenas notas, cuidar la media beca que tenía y entrenar beisbol.
En la universidad el nivel de pelota era bajo, muy bajo, por lo que decidí ingresar al equipo de atletismo para satisfacer el deseo de competir y sobresalir. Participé un par de años en pruebas de velocidad, 100 y 200 metros, en alguna ocasión me colé a competencias regionales en estas pruebas. Sin embargo, mi prioridad era la escuela y el beisbol.
En ese periodo gocê de mi mejor condición física y se vio reflejado en el diamante, donde fácilmente podía conseguir una base extra gracias a la velocidad que desarrollé gracias al atletismo.
Me gradué, empecé proyectos profesionales y me alejé del deporte por casi cinco años antes de regresar al atletismo, esta vez de manera recreativa con trotes suaves cada vez que el trabajo lo permitía, unas tres veces a la semana. Aún así, me inscribí a varias carreras de 10 kilómetros. Un verdadero reto.
A finales de 2011 me animé a fijarme un reto mayor: correr un maratón en el 2012. Sería en noviembre y en Nueva York. En esos meses de entrenamiento pude hacer lo que me gusta: correr y viajar, o bien, buscar competencias en otras ciudades, ir y correr.
En este espacio comparto lo que ha significado esta nueva fase del deporte en mi vida, que si bien no estaba alejada de lo que hacía en mis tiempos de estudiante, sí implicó ajustes dignos de ser documentados.