Correr un maratón es una experiencia que obliga a tomar decisiones constantemente. Algunas se toman antes de empezar a correr y otras aparecen cuando el cansancio empieza a hacerse presente.
Una de las decisiones más importantes que debe tomar un corredor es el ritmo al que quiere correr. No se trata solamente de saber cuánto puede correr rápido, sino de entender cuál es el paso que le permitirá terminar la carrera con la sensación de haber aprovechado cada kilómetro.
El maratón es una distancia que castiga los excesos. Correr demasiado rápido en los primeros kilómetros puede significar pagar un precio muy alto en la segunda mitad de la carrera.
Por eso la idea de correr a paso seguro se ha convertido en una filosofía que acompaña cada entrenamiento y cada competencia.
No es una invitación a correr lento. Tampoco significa renunciar a mejorar los tiempos personales.
Correr a paso seguro significa entender el ritmo que el cuerpo puede sostener durante 42 kilómetros.
Significa escuchar al cuerpo.
Significa reconocer cuándo acelerar y cuándo mantener la calma.
En el entrenamiento ocurre algo similar
Muchos corredores se obsesionan con mejorar cada marca en cada sesión, como si cada día fuera una competencia.
Sin embargo, los procesos de mejora en el atletismo se construyen con paciencia.
Un buen entrenamiento no siempre es el más rápido.
Muchas veces el mejor entrenamiento es aquel que permite terminar la sesión con la sensación de que el cuerpo podría haber seguido corriendo un poco más.
Los maratones enseñan muchas cosas
Enseñan disciplina.
Enseñan paciencia.
Enseñan que el progreso no ocurre de un día para otro.
También enseñan que cada carrera tiene su propia historia.
Hay maratones que se disfrutan desde el inicio hasta el final.
Otros se convierten en una batalla contra el cansancio y la mente.
Pero incluso en esos momentos más difíciles aparece la recompensa de haber llegado hasta ahí.
El corredor aprende que no siempre gana el más rápido.
Muchas veces gana el que supo administrar mejor su energía.
Correr a paso seguro también tiene que ver con el disfrute
Con la posibilidad de observar la ciudad que se recorre.
Con escuchar los aplausos de quienes están al borde de la ruta.
Con reconocer el esfuerzo de los demás corredores.
Porque al final, más allá de los tiempos y las marcas, correr un maratón sigue siendo una experiencia que vale la pena vivir.
Y cuando cruzas la meta entiendes algo que parece simple pero que muchas veces se olvida:
El maratón no se gana en los primeros kilómetros.
Se gana cuando eres capaz de mantener el paso correcto hasta el final.
Sobre el autor
Héctor López Neri es el autor de "A trote seguro", un espacio dedicado a compartir experiencias de carrera, maratones y viajes alrededor del mundo.