17 febrero 2016 Crónicas

Un viaje (y no carrera) por tierra rarámuri

Por Héctor López Neri
Sierra Tarahumara

Hay viajes que se planean durante meses y otros que aparecen casi de manera inesperada.

El recorrido a la Sierra Tarahumara pertenece a la segunda categoría.

No se trataba de correr una carrera ni de buscar una marca personal. El objetivo era conocer un territorio que desde hace años ocupa un lugar especial dentro de la cultura del corredor.

La Sierra Tarahumara es famosa por los rarámuri, un pueblo indígena que ha desarrollado una relación única con la carrera de larga distancia.

Muchos corredores alrededor del mundo conocen historias sobre su resistencia y su capacidad para recorrer largas distancias por las montañas.

Sin embargo, leer sobre ellos no es lo mismo que visitar el lugar donde viven.

El viaje comenzó con la expectativa de encontrar respuestas a muchas preguntas sobre su forma de vida.

¿Cómo entrenan?

¿Cómo entienden la carrera?

¿Qué papel tiene correr dentro de su cultura?

La realidad que encontramos fue mucho más compleja que cualquier historia que hubiéramos escuchado antes.

La Sierra Tarahumara es un territorio imponente.

Sus paisajes mezclan montañas profundas, caminos de tierra y comunidades que viven alejadas del ritmo acelerado de las ciudades.

En ese entorno, correr no es necesariamente un deporte.

Es una actividad cotidiana.

Es una forma de desplazarse entre comunidades.

Es parte de la vida diaria.

Los rarámuri no corren pensando en relojes, marcas personales o planes de entrenamiento.

Corren porque forma parte de su cultura.

Corren porque así lo han hecho durante generaciones.

Observar esa relación con la carrera obliga a replantear muchas ideas que los corredores urbanos damos por hecho.

Para quienes vivimos en ciudades, correr suele estar asociado con metas, tiempos y competencias.

En la Sierra Tarahumara la lógica es distinta.

La carrera se vive de una manera más natural.

Más libre.

Más conectada con el entorno.

El viaje también permitió entender las dificultades que enfrentan muchas comunidades de la región.

Las distancias son largas, los servicios básicos no siempre están disponibles y el acceso a recursos es limitado.

A pesar de esas condiciones, la cultura rarámuri mantiene una identidad fuerte.

Sus tradiciones, su relación con la tierra y su forma de entender el movimiento siguen siendo parte fundamental de su vida.

Para quienes llegamos como visitantes, el aprendizaje fue profundo.

A veces los corredores buscamos respuestas en nuevas técnicas de entrenamiento, en tecnología o en programas más complejos.

Pero en lugares como la Sierra Tarahumara aparece una lección distinta.

Correr puede ser algo mucho más simple.

Puede ser simplemente correr.

Ese fue el verdadero valor de este viaje.

No fue una carrera.

Pero fue una experiencia que cambió la manera de entender lo que significa correr.

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