Llegando a la meta del maratón de Big Sur
Crónica

Big Sur: imponente escenario, rudo recorrido

Héctor 1 de mayo de 2014

Cuando te inscribes al maratón de Big Sur la expectativa de lo que te encontrarás en esta zona de California es aplastante: correrás por la ruta que ofrece la mejor vista en el mundo.

Es un recorrido que inicia en Big Sur (ubicado a 480 kilómetros al norte de Los Ángeles) y termina 26.2 millas (42.195 kilómetros) después en Carmel, un pequeño pueblo de menos de cuatro mil habitantes que ha tenido como alcalde al actor Clint Eastwood.

Este maratón cuenta con diferentes distinciones que avalan los elogios que recibe. En 2012 fue reconocido con el premio "Best Destination Marathon" por los lectores de la revista Competitor, mientras que la revista Forbes incluyó a esta carrera, que se realiza en la Península de Monterey, como uno de los 10 mejores destinos para correr un maratón.

El escenario natural que ofrece el Océano Pacífico y las montañas de la costa californiana dan como resultado una ruta con cuestas que lo mismo hay que subir que bajar. No es por nada que los organizadores recomiendan a los corredores dejar los audífonos en casa para disfrutar de los sonidos naturales, así como de la música del pianista Michael Martinez en la marca del medio maratón, en el puente Bixby, y de los Taiko Drummers que anuncian el principio del Hurricane Point, la cuesta más famosa del recorrido con 520 pies (160 metros) de elevación en poco más de tres kilómetros.

Otra recomendación es llevar una cámara fotográfica, pues pocos corredores pueden evitar la tentación de detenerse para tomar una foto. Con esta idea viajé a California y decidí que en el maratón de Big Sur el tiempo podía esperar, relajarme y pasear por esta ruta singular.

Era mi cuarto maratón en dos años y segundo en cuatro meses y medio. Venía de correr en Monterrey, Nuevo León, en diciembre pasado, donde por primera vez bajé de las cuatro horas (3:58). En algún momento pensé en mejorar ese tiempo, pero después de meditarlo con mi entrenador acordamos que disfrutaría el paisaje y tomaría fotos, muchas fotos. Bueno, al menos ese era el plan.

La salida

Después de un recorrido en camión de 45 minutos llegué a la línea de salida. El clima era de aproximadamente seis grados y había que esperar más de hora y media para el disparo inicial.

Aproveché para comer un par de frutas que llevaba y para ir al baño. Las filas para los sanitarios portátiles eran de más de 20 personas. Mientras tanto, los organizadores montaban la salida del maratón: un arco inflable con los colores de la carrera, dispositivos para leer los chips de los corredores y un templete con sonido para la ceremonia previa. El espectáculo estaba listo.

Sin darme cuenta el tiempo había pasado y tenía que entregar el morral en el guardarropa y dirigirme a los corrales de salida. A través del sonido local, los organizadores armaron tres olas según los tiempos estimados de los participantes y, diez minutos antes del inicio, la mayoría ya estábamos listos.

Después del himno estadounidense y algunos ejercicios de calentamiento, la carrera comenzó.

Mis cámaras estaban listas. Empecé a grabar video en la salida, pero también estaba preparado para tomar algunas fotos con el celular. Cuando corres Big Sur debes estar preparado para correr largos tramos con muy poca gente alrededor. La carretera está completamente cerrada al público y sólo algunos vecinos salen a ver pasar a los corredores.

Los primeros kilómetros

Los primeros kilómetros tienen una ligera bajada que, combinada con la adrenalina de la salida, puede jugar en contra del corredor. Los primeros 10 kilómetros fueron buenos. Crucé ese punto en 53 minutos.

Los primeros kilómetros se.corren en medio del bosque. Los árboles parecen abrazar el camino mientras los corredores buscan entrar en ritmo. Los siguientes 10 kilómetros prometían ser más atractivos, pues en la milla 10 inicia el Hurricane Point y el recorrido se acerca al océano.

Cada milla está marcada con carteles de patrocinadores. En la milla 9 aparece una señal que anuncia el inicio del ascenso. Desde lejos se puede ver la montaña y el camino que se pretende subir, con el mar golpeando las rocas del lado izquierdo.

Hasta ese momento no me había detenido para tomar fotos. El ritmo había bajado en comparación con los primeros kilómetros y podía grabar sin problema.

El Hurricane Point y el puente Bixby

La mejor parte del maratón se encuentra en los primeros 21 kilómetros. En ese trayecto encuentras de todo: pendientes largas, árboles gigantes, el mar, la subida al Hurricane Point acompañada por los tambores orientales y, justo al cruzar el puente Bixby, la marca del medio maratón.

Medalla del maratón de Big Sur

Al salir del puente encuentras el piano de Michael Martinez. Fue ahí donde decidí detenerme por primera vez para tomar algunas fotos. Era imposible pasar ese punto sin detenerse a admirar el paisaje.

En el segundo 10k marqué 56 minutos.

En ese momento la estrategia de carrera se fue al fondo del mar. Sentir la adrenalina de estar en ese lugar y darte cuenta de que estás corriendo un maratón en uno de los escenarios más espectaculares del mundo te hace correr más rápido de lo planeado.

La preparación para este maratón la hice con un grupo de atletas calificados al maratón de Boston, quienes me ayudaron a mejorar mi ritmo. Sin embargo, al cruzar la milla 17 me di cuenta de que la adrenalina me haría sufrir en los últimos kilómetros.

En el tercer 10k marqué 54 minutos. Faltaban 12.195 kilómetros.

Los últimos kilómetros

Llegué a la milla 20 con poca fuerza en las piernas y para mi sorpresa las cuestas seguían ahí. Pensé que después del Hurricane Point el resto sería más sencillo. Estaba equivocado.

Bajé el ritmo y empecé a sentir mucha sed. Aproveché cada estación para hidratarme.

Una de las más especiales se encuentra cerca de Carmel, en la milla 23, donde vecinos de la zona ofrecen fresas a los corredores. Frutas enormes y dulces que en ese momento supieron a gloria.

A unos 500 metros después de la milla 25 apareció otra subida. Pensé en detenerme, pero cuando me di cuenta ya había terminado. Pasé el cuarto 10k en 59 minutos.

A partir de ahí sólo pensaba en la meta.

Un oficial del recorrido animaba a los corredores con una frase que no olvidaré:

"Terminaron las cuestas, viene una bajado y luego la meta. Están muy cerca de lograrlo".

La bajada terminó y empecé a ver gente a los lados de la carretera. Saqué la cámara de video que había guardado y empecé a grabar los últimos metros.

Antes de cruzar la meta vi el reloj oficial: 4:00 horas.

Crucé la meta y detuve mi cronómetro en 3:59, mi segundo mejor tiempo en un maratón.

Correr Big Sur en menos de cuatro horas no estaba en los planes, pero tampoco fue una sorpresa. Entrené para ser mejor y ese día lo confirmé.

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Por Héctor

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